Además del desplazamiento, pronto me habituaré a la mecánica de las comidas y las cenas. Prescindo de restaurantes. Pateo sin parar de sol a sol (y algo más), desde la salida hasta la vuelta al hotel. Con la mochila a mi espalda durante todo el viaje, en Nueva York hay que dejar los zapatos en la maleta y sacar las botas de senderismo para ir a todas partes. Vaya temporada que llevan las mías, pobres. Primero, los 900 kilómetros del Camino de Santiago y, un mes más tarde, salen desconcertadas de la maleta para llevarme por el duro asfalto. El desayuno consiste en café aguado -en este país el café es deplorable- e hirviendo, servido en vaso largo de plástico con tapa y pequeña pestaña que se levanta para sorber la bebida. Normalmente, lo beben apresuradamente en la calle o en el metro mientras acuden al trabajo y se acompaña de hermosas magdalenas de chocolate o bizcocho con fresa o frambuesa. En mi calidad de turista, muchos días aprovecho para tomar el desayuno tranquilamente sentado en una cafetería de Penn Station antes de coger el metro pero, en ocasiones, lo tomo mientras me dirijo a mi destino, lo cual me permite aprovechar mejor la jornada. Un día veo un vaso tirado en el suelo con el contenido derramado en el pasillo del metro, “reciente víctima todavía caliente de las prisas en este recinto loco”, pienso.
La comida también es muy rápida, de un horario laboral de ocho de la mañana a cinco de la tarde y un efímero descanso para comer (que aquí comer no es descansar). La cuestión tiene su lógica. Teniendo en cuenta que la mayor parte del gasto energético del organismo humano se invierte en el funcionamiento del estómago y del cerebro, parece inconveniente ponerle a trabajar denodadamente al primero cuando todavía esperamos estrujar un poco el segundo. De modo que, si hay que volver a trabajar con exigencia intelectual, la comida debe ser frugal. Para saciar el apetito, hay chiringuitos hasta debajo de las piedras. Únicamente se trata de elegir un plato normalmente servido en barra y optar por el consumo in here con bandeja y a la mesa o to go y a la calle. Por lo que veo en la calle, para cenar se toman más tiempo y los locales respiran tranquilidad, la tranquilidad de una buena charla o de parar en la actividad frenética, aunque dichos locales estén llenos. En casa, parece que la cena es la propuesta gastronómica que más se disfruta, seguramente en cantidad y calidad.

En las cartas y menús, junto al precio, es habitual encontrarse la cantidad en calorías, en un intento de marcaje en corto a la obesidad. La primera vez que me fijé en un plato y vi 500 y pico creí que eran dólares y casi me da algo. En la dieta abundan la hamburguesa, la pizza o la carne de pollo, cerdo y, en menor medida, ternera. Platos únicos con guarnición y bebida aparte, en formato small, medium o large y vasos de cartón. Se puede comer por entre los 3 y 5 dólares, aunque abundan los menús entre 6 y 10 dólares. El corte de pizza by slice, importación de la pizza al tagglio romana para pagar y llevar, se puede encontrar a 0,99 dólares. Con dos porciones vas servido y sigues la marcha. Con respecto a la bebida, me pongo tibio a Coca Colas. Por supuesto, también pueden aprovecharse los puestos de hamburguesas y perritos a pie de calle, pero el perrito es pequeño y con bebida te puede salir por 3 y hasta 5 dólares. Sólo merece la pena como pequeño almuerzo a media mañana.
Para la cena siempre me llevo todo al hotel. Pronto descubro una calle más abajo un comercio “24 horas”. Se encuentra muy bien surtido, con self-service de comidas chinas, japonesas o vietnamitas, bandejas de sushi o platos precocinados, pequeño supermercado autoservicio con frutas y verduras y estanterías con bebidas. Por unos diez dólares te llevas suficiente cantidad para cenar. Las bebidas aparecen en gran variedad de tamaños, siempre con medidas en onzas (30 gramos la onza). La cerveza es barata, en unidades de 12, 18, 24 onzas, o en packs de seis; mucha Heineken, Coors, Stella Artois e invasión de la Budweiser, rubia con cuerpo que me gusta. Todas entre uno y dos dólares la unidad dependiendo del tamaño.
Deja un comentario