El día después de mi aterrizaje en Nueva York viene un boomerang. La víspera, de noche, había cruzado una pequeña galaxia de luces bajas y apretujadas en un espacio bien delimitado de la ciudad; Chinatown. Tras la primera noche, amanece y este boomerang. Tengo que volver. En el entramado cuadriculado de la isla no es complicado encontrar la vía para penetrar en nuestro rinconcito oriental de este pequeño mundo multicultural que ofrece la gran ciudad. Solo hay que enfilar hacia el sur por la Quinta, atravesar Washington Square Park -allá donde Jane Fonda encuentra a Robert Redford desenfadadamente embriagado (yupiiiigepasa) y despojado de todos sus prejuicios y corsés en Descalzos en el Parque- y, por último, continuar hasta Chinatown. Una vez atravesado Washington Square Park hacia el sur viene otra de las sorpresas en las que la ciudad cambia radicalmente de sinfonía ambiental, pues pasa del bullicio de la Quinta al sosiego de Thompson Street en dirección al Soho. Se recomienda al viandante descansar en un banco del parque para continuar, ahora sí, a un ritmo más tranquilo. Se sale de la playa en agosto para entrar en un balneario. Esta zona está llena de locales pequeños y curiosos, como el que está dedicado al Gran Lebowski (ver postales XX). Hay que seguir hasta Canal Street, donde podemos observar el contraste entre estas fachadas de no más de cuatro pisos, muchas de ladrillo, plagadas de escaleras de incendio y los rascacielos, vecinos entre todos. Tribeca es una de las zonas antiguas que quedan encajonadas entre los rascacielos del área financiera y los de Midtown. Y lo mismo pasa con las vecinas Chinatown y Little Italy. En Chinatown, dejamos la actividad relajada de la zona y nos adentramos en un sinfín de comercios, apretujados en compacto ovillo arquitectónico, muchos de ellos fruterías y pescaderías que son un auténtico hormiguero. Las pescaderías tienen puestos fuera y dentro, con enormes peceras donde se conserva el pescado y el marisco vivo, también apretujado a más no poder. Es un barrio amplio que, al parecer, está extendiéndose por zonas limítrofes como el Soho o la Pequeña Italia. Aquí hay que fijarse para encontrar un transeúnte que no sea oriental. Si se sale desde Chinatown hacia el norte por la Avenida Bowery se puede uno dar cuenta perfectamente como los barrios chino e italiano constituyen un desierto en medio de los rascacielos que los flanquean por el sur y por el norte. Avanzando hacia el norte de Manhattan, todavía en Chinatown se puede observar un pequeño muro de rascacielos que preside orgulloso el Empire States y que anuncia la altitud de edificaciones de Midtown.


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