Prólogo

El 19 de agosto de 2013 salí de casa para embarcarme en una de las mejores aventuras que he experimentado en mi vida, recorrer a pie el Camino de Santiago. Lo realicé desde Roncesvalles hasta Muxía en 37 jornadas y lo finalicé el 24 de setiembre, completando unos 900 kilómetros paso a paso. En la etapa desde Santiago hasta Oliveira paré a mitad de camino a tomar una cerveza. Era un día soleado y con temperatura suave. Ahí sentado en una terraza bajo el agradable sol de setiembre pensé que aquel viaje acababa. Llegaba a Finisterre, “el final de la tierra”. Pero donde hay un final hay un principio, por lo menos para quien tiene ganas de avanzar y de explorar. Y ahí me vino la vocecita de un “yo interior” que me ha acompañado toda mi vida y que susurra gritando (oxímoron) a veces y que, entonces, le obedezco a pies juntillas. Vas a llegar al final del viaje, me decía, y quieres más aventura. Cruza el mar que te vas a encontrar delante de tus narices. No hay más que agua. Después de cruzarla, lo próximo que pises de tierra firme será Estados Unidos, será Nueva York. Lo tienes ahí, enfrente.

La propuesta de mi voz interior, como siempre, no llegaba porque sí, en cualquier lugar y momento. Era allí y entonces y por algo. En fin, no podía dejar escapar esa oportunidad. Más tarde, con la perspectiva del tiempo adecuada, pensé que, muy probablemente, era una huida temporal. Al mismo tiempo, la experiencia me proporcionaba la posibilidad de disfrutar estando lejos de mi casa. Cada vez más lejos. En aquel momento, era importante poner mucha tierra de por medio. Estados Unidos era mi destino idealizado, seguramente por influencia de todas las películas que había visto en mi vida. Películas de distintos géneros y distintas épocas pero, la inmensa mayoría, procedentes de Hollywood. Venían de Estados Unidos y contaban historias, mostraban paisajes a través de las road movies. ¡Ay, los paisajes! Y esas historias que tenían como gran escenario Nueva York, San Francisco, Nueva Orleans y otras muchas ciudades.

Finalmente, allá me fui. Una vez finalizado el Camino de Santiago y después de descansar durante unos pocos días en casa de mi hermanita, que me proporcionó unos cuidados reconfortantes, llegué a mi casa y preparé rápidamente un viaje a Estados Unidos que duraría casi dos meses, desde el 28 de octubre hasta el 23 de diciembre de 2013. Desde Nueva York hasta San Francisco, cruzando todo el país por el sur a lo largo de 17 estados. Mi móvil era un Nokia, así que no podía largarme tan tranquilo guiándome con el Google Maps y el “puntito azul”, de manera que me compré la Lonely Planet y un enorme mapa Repsol de todo el país, que tenía que desplegarlo en el amplio salón de mi piso de alquiler, frío y destartalado paisaje de mi soledad, para realizar mis anotaciones y recorridos en rotulador. La Lonely Planet y la guía Repsol cruzaron el charco conmigo y me acompañarían bien cerca en mi viaje, en el asiento del copiloto.

A lo largo de mi viaje escribí un diario de a bordo. Lo hacía por las noches, en la tranquilidad del motel de turno. Escribía con entusiasmo, profusamente. Y mandaba mis notas a mis amigos. Cuando llegué a casa después de la aventura, ordené mis escritos y los amplié con los recuerdos que guardaba y que no había reflejado en aquellos primeros pasajes elaborados in situ. Le di al asunto un aire más literario. También aproveché el material gráfico, ya que saqué unas 5.000 fotografías, para revisarlas y seguir escribiendo con lo que trajeran a mi mente las imágenes. Las fotografías completaban una larguísima y magnífica secuencia con la que podía enriquecer mi narración con multitud de detalles que ofrecían precisión a mis vivencias en aquel viaje.

Me puse manos a la obra o, mejor dicho, manos al teclado, con el objetivo de crear una historia a partir del viaje y decidí compartirlo a través de un blog. Lo alimenté durante unos meses, pero finalmente lo abandoné. Muy pocas veces he sido capaz de fijar mi atención durante mucho tiempo en un mismo proyecto. Algunos proyectos profesionales que comenzaban y no terminaban de cuajar hicieron que olvidara lo avanzado hasta el momento entre los circuitos informáticos de mi ordenador. Encontré un trabajo estable y me embarqué en la inmensa e intensa aventura, otra más, de elaborar mi tesis doctoral, que finalmente defendí con éxito el 26 de mayo de 2022. Posteriores intentos de mantener un hábito prolongado para finalizar el proyecto quedaron diluidos en el mar de la procrastinación que frecuentemente me invade, amén de otras ocupaciones que se me cruzaban en mi vida cotidiana. Sin embargo, poco a poco y a trompicones, fui ampliando, perfeccionando y, por fin, completando mi relato de aquel viaje a Estados Unidos. Lo hice a rachas, avanzando a impulsos más o menos prolongados y sucesivamente interrumpidos. Gran parte de los datos necesarios para armar el esqueleto ya los había escrito y atrapado en el papel durante mi viaje y en los meses inmediatamente posteriores, cuando alimentaba el blog. Pero todavía me quedaba mucho por escribir.

Todo el corpus de imágenes que conservaba y diversas consultas “viajando” fundamentalmente a través de la herramienta de Google Maps y otros recursos a través de los túneles cibernéticos lograron rescatar algunos lugares y escenarios que habían caído en el fondo de mi memoria y me ayudaron a dar forma definitiva a mis crónicas aportando a través de estos procedimientos datos precisos, algunos concretos y otros más generales que, de otro modo, hubiera resultado imposible recuperar.

De este modo he llegado hasta aquí y ahora estoy en disposición de recuperar mi blog. He decidido borrar las entradas que ya había publicado y empezar de nuevo desde cero, ya que he realizado en las mismas algunas pequeñas modificaciones. Este blog presenta la información dividida en episodios, postales y vídeos. Los episodios siguen un orden lineal en el tiempo, desde el primer día hasta el último y acompaño los textos con fotografías. Estas entregas están intercaladas con lo que he denominado “postales”. Las postales son fotografías acompañadas de un texto breve y, en ellas, quiero destacar determinadas situaciones o escenarios. Recogen elementos que me llamaron especialmente la atención, curiosidades o momentos o lugares dignos de ser destacados por algún motivo. Guardan, más o menos, un orden temporal lineal sincronizado con los capítulos, aunque me he permitido un margen de maniobra para saltar hacia adelante en el tiempo en algunas postales y proporcionar un mayor dinamismo al relato. He decidido numerar correlativamente estas postales a medida que las vaya publicando. Por su parte, los vídeos estarán compuestos de una sucesión de fotografías, en algunas ocasiones alternadas con vídeos, y girarán alrededor de un tema unificador e irán acompañados de un fondo musical. Es un producto elaborado a partir del material obtenido en el viaje. En algunas ocasiones, aportaré videos en bruto, de muy corta duración, tal como los grabé en directo, que se encontrarán insertos en un capítulo e ilustrarán algún pasaje del texto.

En cuanto al paso del tiempo, quiero recordarle al lector que se dispone a leer las crónicas de un viaje que realicé hace trece años, con la presencia que ello supone de numerosos elementos anticuados, trasnochados o caducos, al mismo tiempo que algunos datos deben ser actualizados. Es evidente que toda la información que tiene que ver con precios u ofertas han de ser revisados. También han podido variar lugares, personas, situaciones o condiciones, entre otros muchos cambios y mutaciones. No digamos si esos cambios se refieren a experiencias que tienen que ver con las nuevas tecnologías. Recuerdo algunas situaciones que me sorprendieron dado el evidente salto de evolución tecnológica entre mi país y Estados Unidos y el salto en el tiempo, ya que, hoy en día, muchas de esas situaciones son parte de nuestra vida cotidiana. En aquella época no lo eran.

El lector observará que en la parte superior izquierda de la página principal del blog luce el icono del sol zia. Los zia fueron un pueblo indígena que habitó en tierras de Nuevo México. Este icono es la actual bandera de ese estado. Tuve el privilegio de pasar por lugares donde habitaron los zia y donde habitan ahora sus descendientes y pude verlos. Fueron lugares que me impactaron enormemente y dediqué varios capítulos de mis escritos a los indígenas, capítulos que se publicarán en este blog a su debido tiempo. Desde esa esquina superior izquierda, el sol zia iluminará el blog y todo el mundo que lo contenga, como gran dios de la naturaleza que es.

Por último, quiero dejar claro que mi intención a la hora de escribir este blog ha sido el de reflejar y compartir con el lector mis vivencias en este viaje. No pretende ser una guía de viaje. Si alguien se ve empujado a visitar alguno de los lugares que menciono, tenga en cuenta mi advertencia anterior. Puede que haya lugares que no hayan cambiado un ápice, otros que hayan cambiado en mayor o menor medida y otros que, simplemente, no existan. No obstante, si la lectura de mis crónicas le anima a alguien a visitar alguno de los escenarios por los que he pasado y disfruta como yo los he disfrutado, ello me proporcionará una enorme satisfacción. Pese a todo ello, mi intención ha sido escribir simplemente un relato de viajes, la crónica de una aventura que me proporcionó uno de los dos meses más felices de mi vida. Aquellos en los que sentí más cercano que nunca el sentimiento de plena libertad.

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